dilluns, 5 de maig del 2014

DIEZ AÑOS DESPUÉS...

Allí estaba Adela, tan guapa y serena como siempre. Estaba igual, no había envejecido para nada desde el día de su muerte. Pero su entorno si que había cambiado. Hace unos seis años que ya no estaba en Carnwell. Se había ido a vivir a San Francisco junto a su marido, Lawrence. Sí, se habían casado y tenían dos hijos. La mayor que se llamaba Jenny y el pequeño que se llamaba Karl. Su casa era grande y bonita. Eran muy felices. Adela había devuelto las ganas de vivir a Lawrence, se lo merecía. 
Después de la muerte de Adela y de que se convirtiera en fantasma, se fue a vivir en la barraca junto a Lawrence y Puck. Laura estaba furiosa y quería matar como fuera a Adela. Lo intento varias veces. La única manera de matar a un fantasma es matarlo de la misma manera y en el mismo sitio de su primera muerte. Laura con Adela lo tenia relativamente fácil. Solo tenía que llevarla a la sala de baile y dispararle al corazón con una pistola. Lo estuvo planeando durante mucho tiempo, pero sus planes no fueron como ella esperaba.
Un martes por la mañana, hace tres años, Adela se encontró a solas con Laura en la playa. Laura, al verla sola y desprotegida no dudo ni un instante en atacarla. Se tiro encima suyo como una presa ataca a su victima. Adela no era una chica que le gustaran los problemas, era muy tranquila. Pero en ese momento, estaban las dos en el suelo peleándose. Adela vio un trozo de cristal en el suelo, seguramente del botellón de la noche pasada. Lo cogió y cortó a Laura en la muñeca. Laura se apartó de ella enseguida, chillando como una histérica y de repente cayó en el suelo desplomada. Adela no entendía nada. La había matado, la primera vez que murió fue porque se suicidó y su manera fue cortándose las venas.
Al día siguiente Adela y Lawrence se fueron a vivir a San Francisco dejando atrás unos siglos de dolor, amargura y traición. 


                                                                  San Francisco

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