Lawrence salió del iglú para
ir a pescar junto a su amigo Puck. Adela y Laura se quedaron dentro. Hacía dos
días que no comían pescado ya que por el mal tiempo los peces no se movían
mucho y no era nada fácil pescarlos. Durante estos días su alimentación se
había basado en raíces, bayas, huevos de aves... Ese día pescaron por lo menos
cuatro docenas de peces. Habían tenido muchísima suerte. Pero eso sí, se
pasaron toda la mañana pescando. Cuando iban a volver al iglú Puck se paró para
observar una cosa.
- Lawrence, ves eso de ahí?-dijo
Puck sorprendido.
- Claro que sí. ¡Son perros!
-contestó Lawrence anonadado.
Hacía mucho tiempo que no habían
visto, por lo menos unos dos años. Ya que siempre van acompañando a sus amos. Desde
que los últimos científicos habían desaparecido en la ultima expedición no se
había sabido nada de ellos. Para los esquimales mejor, ya que no les robaban
comida ni les molestaban.
- Pero, parece que están
solos y perdidos, ¿Verdad?. -preguntó Lawrence.
- Eso parece, pobrecitos. ¿Y
si nos acercamos un poco? -respondió Puck.
- Me parece bien. -dijo
Lawrence.
Los dos esquimales de
acercaron hasta los perros, eran ocho en total. Había seis huskys y dos
Malamute de Alaska. Todos eran preciosos. Sobretodo para Puck. Adoraba los
perros ya que su sueño siempre había sido tener uno. Cuando se acercaron, los
perros fueron hacia ellos de una manera que se notaba que estos estaban
acostumbrados a estar con gente. En ningún momento ninguno atacó a los dos
amigos. Estuvieron con ellos y cuando fue la hora de volver con las chicas
vieron que los perros los seguían. Cuando llegaron, Puck les dijo a Adela y
Laura que salieran un momento. Al salir las dos se quedaron boquiabiertas.
Sobre todo Laura, que nunca había visto tantos perros juntos. Eso le dio
respeto. Adela en cambio enseguida fue a tocarlos y vio que eran muy tranquilos.
Estuvieron hablando y al final decidieron que se los quedarían y los cuidarían.
- ¿Y si estos perros tienen
dueño y los están buscando? -dijo Laura que no le gustaba mucho la idea de
quedárselos.
- Perder un perro es posible,
está claro. Pero ocho no es tan fácil, se ven mucho. -explicó Lawrence.
- ¿Entonces, que hacemos?
-preguntó Adela.
- Creo que lo mejor es
quedárnoslos porque sino difícilmente sobrevivirán... -contestó Puck.
- Tienes razón. Si sus dueños
aparecen entonces ya veremos que hacemos. Pero de momento estos pequeñines se
quedan con nosotros. -dijo Adela emocionada.
Los cuatro entraron dentro el
iglú para preparar el pescador para comer. Pero antes les dieron unos pocos a
los perros para que comieran. Estaban un poco delgados y se les veía con
hambre.
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